IFN - Instituto Ferrero de Neurología y Sueño

Ronquidos y Apneas, otro enfoque

Los peligros que esconden

Los ronquidos se producen por la vibración de las estructuras blandas de la vía aérea superior (úvula y faringe superior) por el paso del aire mientras dormimos. Esto se produce por un colapso incipiente de los tejidos blandos de la parte superior del cuello (orofaringe) que se observa en personas con sobrepeso.

Otras situaciones que favorecen la relajación muscular también aumentan la incidencia de ronquidos, como el uso de benzodiacepinas, relajantes musculares y el consumo de alcohol.

Los procesos inflamatorios de la vía aérea superior, como la rinitis, la congestión y el reflujo gastro-esofágico exacerban la chance de ronquidos.

Por lo general no es el paciente quien se da cuenta de los ronquidos, sino quienes comparten la habitación, o hasta el domicilio, si son muy intensos. Para muchos es un problema más bien “social” o estético, pero desconocen el verdadero impacto en la salud.

Hay dos tipos de ronquido:

  • Ronquido simple o sin asociación a apneas, lo que no quita pueda tener un importante impacto social.
  • Ronquido asociado a apneas del sueño.
  • Es muy importante la consulta con el especialista.

    Las apneas obstructivas del sueño son pausas respiratorias producidas por la obstrucción mecánica de la vía respiratoria alta (orofaringe). El mecanismo es un colapso inspiratorio de la faringe por lo tejidos blandos.

    Existen varios factores predisponentes:

    • Obesidad
    • Hipotiroidismo
    • Malformaciones máxilofaciales: Retro y micrognatia.
    • Obstrucción de las vías respiratorias superiores, en nariz, por amígdalas hipertrofiadas, base de lengua, edema de laringe, etc.
    • Consumo de benzodiacepinas, alcohol y otros relajantes musculares.

    Las apneas obstructivas se asocian a fragmentación del sueño, descenso de la saturación de oxigeno en sangre, arritmias nocturnas (como el complejo bradicardia-taquicardia) y permanentes ciclos de hipoxemia-reoxigenación. Se genera una activación autonómica simpática durante el sueño y el consiguiente esfuerzo hemodnámico.

    Toda esta situación se define como Síndrome de apneas/hipopneas obstructivas del sueño (SAHOS).

    Además del gran impacto cardio-vascular, el SAHOS se asocia a alteraciones metabólicas que favorecen la resistencia a la insulina y la obesidad.

    Predomina en varones (2 a 3 veces más), si bien a partir de la menopausia el riesgo comienza a equipararse. Por el aumento de la laxitud de los tejidos, suele empeorar con la edad.

    Actualmente el SAHOS está subdiagnosticado y es fundamental detectarlo en pacientes de alto riesgo:

    • Obesidad
    • Insuficiencia cardíaca congestiva
    • Fibrilación auricular y otras arritmias cardiacas, especialmente nocturnas
    • Diabetes mellitus tipo II
    • Accidente cerebrovascular (ACV) o accidente isquémico transitorio
    • Hipertensión arterial (HTA) de difícil manejo
    • Perioperatorio de cirugía bariátrica

    La sospecha clínica es fundamental en el diagnóstico.
    La polisomnografía (PSG) nocturna con oximetría de pulso es la herramienta “gold standard” para el diagnóstico, ya que permite objetivar en forma cuali y cuantitativa las alteraciones cardio-respiratorias durante el sueño, entre otras variables.

    La sospecha clínica se basa en síntomas diurnos y nocturnos:

    Diurnos

    • Somnolencia diurna (Escala de Epworth mayor a 10)
    • Fatiga o cansancio crónico
    • Depresión
    • Cefalea matinal
    • Sequedad de garganta
    • Falta de concentración o falla cognitiva

    Nocturnos

    • Ronquido
    • Apneas visibles
    • Sueño agitado y/o despertares
    • Nicturia
    • Transpiración aumentada
    • Despertares con sensación de ahogo o asfixia.
    • Insomnio

    Dado el impacto clínico y social del SAHOS, el tratamiento precoz es fundamental. Los objetivos del tratamiento son:

    • Eliminar o reducir las apneas y la caída de saturación de oxígeno
    • Eliminar los ronquidos
    • Reducir la fragmentación del sueño y mejorar la percepción de descanso
    • Mejorar la calidad de vida de los pacientes

    La principal estrategia terapéutica es identificar todos aquellos factores que predisponen al desarrollo de apneas y tratarlos.

    El tratamiento sintomático de elección es el uso del dispositivo de Presión Positiva Continua (Cpap).

    Se trata de un equipo con una turbina conectado por un tubo flexible a una máscara que se coloca con un arnés sobre la nariz, o sobre la nariz y la boca, del paciente. Trabaja con aire ambiente y conectado a la electricidad o a batería. Su acción es puramente mecánica.

    La máscara o interfase más usada es la nasal, sin embargo existe una gran variedad de máscaras con tecnología aplicada para el mayor confort del paciente.

    Importante tener en cuenta, el Cpap:

    • NO envía oxígeno, sino aire a presión.
    • NO respira por el paciente.
    • NO cura, sino que corrige mientras se emplea.

    Todo paciente con diagnóstico de SAHOS moderado o severo tiene indicación de tratamiento con Cpap.

    En el caso de los pacientes con SAHOS leve o síndrome de resistencia de la vía aérea superior, la indicación se basa en la sumatoria de somnolencia diurna excesiva y otros factores de riesgo:

    • Alteraciones cognitivas o de conducta.
    • HTA, antecedente de infarto cardíaco o ACV.
    • Arritmias o hipertensión pulmonar

    Una vez que surge la indicación del tratamiento, se deberá hacer una segunda PSG de calibración del Cpap, ya que la presión positiva adecuada en la vía aérea debe ser determinada para cada paciente en particular.

    A través de este estudio, también se determina:

    • El tipo de máscara más adecuada o la cuál resultó más cómoda.
    • Los cambios en la calidad del sueño logrados al corregir las apneas.
    • El grado de reducción del ronquido.
    • El mantenimiento de buenos niveles de oxígeno durante toda la noche.



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